Xóchitl Magaly

A mis sobrinas:

Cuando mis primeras sobrinas nacieron yo tenía 7 u 8 años; a esa edad yo todavía las veía como niñas con quien podía jugar, no pensaba en cuidarlas ni darles buen ejemplo. Luego, el tiempo pasó, en total nacieron ocho niñas y un varón, y hasta la fecha no me veo como su tía, no tengo instinto maternal ni quiero ser un modelo a seguir; creo que ellas tampoco me perciben como tal. Es más, todas me llaman “Xochitl” y no “tía”, quizá porque se dan cuenta de que no cumplo ese rol (en el sentido tradicional de la palabra). Sin embargo, siento un amor, respeto y admiración profundos por cada una de ellas y él; podría decir que son más mis amigas que mis sobrinas.

Es cierto que no tengo la misma cercanía emocional con todas en todo momento, a veces me siento más conectada con unas que con otras, en ocasiones sé los detalles de lo que pasa en su vida y en otros momentos ni me entero o me pongo al corriente porque la familia me lo cuenta, y en general me comunico mejor con las más grandes que con las pequeñas (supongo que por la diferencia de edades), pero mi cariño y mi apoyo siempre está presente si ellas lo solicitan; y sé que ellas también están para mí.

Ahora, algunas de ellas ya han sido madres y tengo sobrinas y sobrinos nietos. A todos los tengo en mi corazón y en mis pensamientos de cada día. Los adoro, y a veces me encantaría tener el poder de reducir sus angustias, aplacar sus dolores, impulsar sus sueños y darles la libertad de ser quienes quieran ser sin miedos.

Me gustaría poner a sus pies un mundo, un país, una ciudad, un lugar en el que caminen seguros; en el que la solidaridad sea el estandarte de las personas; en el que se dediquen a su pasión y vivan de ello en vez de buscar sobrevivir con un trabajo mal pagado; en el que las personas las acepten tal y como son, sin juzgarlas por sus gustos, creencias o aficiones; en el que las personas dignas, honestas y trabajadoras sean muchas más que las que viven de manera contraria; en el puedan dejar a sus hijos salir a jugar a la calle sin miedo a que se los roben; en el que nunca se sientan solos teniendo alrededor a tanta gente; en el que no exista la inseguridad, en el que no haya apatía ni indiferencia sino participación… Me gustaría tener el poder de convertir el lugar en el que viven en un espacio mejor para que ellos vivan de manera digna y libre.

Ante este deseo, hace mes y medio la vida puso ante mí una oportunidad, la de hacer algo para comenzar a construir el mundo que quiero para ellos. Y la tomé, y decidí actuar, salir a la calle y unirme a un grupo de personas que aman a este país, que están dispuestos a trabajar en equipo, que comparten el deseo de mejorar el lugar donde viven, de regresarle la tranquilidad a sus ciudadanos. Personas que están sembrando una semilla de esperanza, de participación, de ideas, de conexión con otras personas, de organización, y que hoy nos encontramos en nuestra querida ciudad.

Jamás había encontrado un espacio con el que realmente me sintiera identificada, en el que creyera, que me inspirara y motivara tanto. Y eso mismo les ha pasado a miles de personas que están decidiendo ser parte de algo distinto, que están dispuestos, como yo, a dar su tiempo, su esfuerzo y hasta su dinero, para apoyar a un movimiento que no sólo quiere buscar un puesto en el congreso sino demostrar que es posible que la política se pueda llevar a cabo de manera honesta, austera, cercana a la gente, divertida y creativa.

Y así hoy no me importa estar bajo el sol hablando con la gente de Roberto, de Kumamoto, del arbolito, y a la vez escuchando su historia, su hartazgo, su crítica y su desesperanza, porque creo que juntas, las personas, podemos hacer de esta una ciudad mejor y luego un país mejor, en el que ustedes, mis sobrinas y sobrinos, puedan sentirse orgullosos de vivir.

Hoy parece que no somos muchos y que avanzamos lentamente, pero cada paso que damos es más fuerte. Nos movemos lento, pero con pasos seguros. Hoy estoy aquí porque me siento fuerte para hacer algo por ustedes, mis sobrinos, porque estoy sembrando la semilla de la esperanza para que un día, no muy lejano, ustedes la vean florecer, y también se interesen, actúen y sigan ayudando a construir un mejor lugar para vivir.

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