Tonantzin Cárdenas

Hola ma:

Quiero contarte que hoy como todos los otros domingos desde que no vivo en casa también extraño mucho el olor del café con canela hirviendo en la olla de barro, bajar las escaleras y casi aún sin abrir los ojos llegar ahí por esa invitación tan tuya, tan única de aparentemente arreglar el mundo con chilaquiles y frijoles en la mesa, en una mañana, hoy podría ser un domingo de esos

Hoy podría ser un domingo de esos, o uno como cualquier otro, en el que despertaramos solas en nuestra comodidad cotidiana, sin duda sería más fácil, sería más fácil cerrar los ojos y negar lo que nos trae hoy aquí, nos trae el compromiso y la fuerza que descubrimos al habernos encontrado, porque nos encontramo en las calles, nos encontramos buscando a 43 estudiantes o a las 365 de nosotras que en promedio asesinaron porque sí el año pasado, nos encontramos para decir basta a la política excluyente, nos encontramos siendo cadena humana para llevar víveres, nos encontramos en los parques y en las casas de nuestras vecinas y eso es lo que me trae aquí hoy. Eso es lo que me llena de valor cuando tengo que decirte que no iré a verte en vacaciones, que no podré estar en el cumpleaños de mi abuela o de mi sobrina esta vez, que en navidad nos veremos solo para cenar y un ratito más…

Porque no quiero un día despertar y lamentar que nunca hice nada para que otra niña tuviera una infancia como la que tuviste tú, mamá.

Nunca más una niña que sea maltratada por la familia que la cuida mientras su mamá se fue a trabajar.

Nunca más una niña que vaya a un internado donde la negligencia de unas monjas deje morir a su hermano.

Nunca más una adolescente sola, en otro país, acosada por ser mexicana.

Nunca más una mujer que tenga que cruzar el país, de Tijuana a Jalisco, sola, con una bebé huyendo de los golpes del machismo.

Porque me dijiste que se podía, porque me enseñaste que cuando la diferencia construye la verdad avanza, porque así supe que hay que decir basta a quién diga que no es posible un servicio público honrado y excelente, porque cuando en Jalisco cayeron los muros dijimos ya basta a quienes el poder significa servirse y robarnos la tranquilidad y la certeza de llegar a viejos, dijimos basta a privatizar las decisiones públicas,
dijimos ya basta cuando decidimos encontrarnos y organizarnos con las vecinas y vecinos del distrito 26 para abrir a todas las personas el primer congreso de la Ciudad de México.

Hoy estoy rodeada de las personas con quienes he decidido construir la comunidad que soñamos. Entre ellas está Roberto. Además de sueños, hace unos años también compartíamos los gastos de un departamento y recuerdo bien un día que llegué a casa y estaba muy molesta, estaba frustrada y triste, venía de comprar una bicicleta que no sabía exactamente como usar mi pareja de entonces comentó lo absurda que era mi compra si no iba atreverme a llegar a casa en ella, había llovido en la ciudad y eran alrededor de las 7 de la tarde, no parecía el mejor escenario para mi primer lección de bicicleta.

Fue uno de esos momentos en los que tirar la toalla era la opción a, b y c. Una persona me demostró que nada era más difícil que no intentar, nada era más imposible que la idea de no actuar, que sería fácil dejar de intentar pero con su ejemplo me aseguró que eso no me haría feliz, eso no me permitiría ir de un lado a otro de la ciudad de una forma más sustentable, más libre, gracias a Roberto hoy no solo no tengo miedo, tengo la certeza de una comunidad que crece y se alimenta de la esperanza, del trabajo excelente y la voluntad que nos trajo aquí, porque hoy lo más importante no es lo que pueda hacer un diputado independiente, sino la bancada que juntas, las personas, vamos a ser en el primer congreso de la ciudad de México. Gracias Roberto.

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