Sofía Hurtado

A María.

Trajiste mucha alegría a mi vida cuando naciste. Me acuerdo la primera vez que te reíste: te causó mucha gracia vernos lanzar un bote de medicinas entre nosotros. Pasamos una hora más lanzando ese bote, porque tus carcajadas eran la forma más pura de felicidad que habíamos escuchado.

Llegaste a formar parte de una familia poco tradicional, con mucha historia previa, muchas partes de ella muy dolorosas. Una familia con cuatro medios hermanos que desde el día uno te amamos como el quinto miembro que nos faltaba en el equipo. Entonces eras muy pequeña para saber que, en el mundo en el que nos movíamos, las familias como la nuestra no tenían cabida. Eras muy chiquita para que te explicáramos por qué las mamás de la escuela de Pablo, tu hermano, no lo invitaban a las fiestas infantiles; por qué Pablo no tuvo amigos hasta 4to de primaria; o por qué no había fotos nuestras en la sala.

Yo desde entonces decidí que quería trabajar para que tú y otros niños como tú encontraran un mundo donde siempre se sintieran bienvenidos, independientemente de si venían de la familia “adecuada”, amaban a la persona “correcta” o tenían sueños e ideas más grandes que la visión estrecha que nos imponen de fuera. Un mundo justo, donde el código postal no determinara las oportunidades de éxito, donde podamos reconocernos todos como iguales y sobre todo igualmente valiosos.  Un mundo, como dicen los zapatistas, donde quepan muchos mundos.

Siempre me he sentido orgullosa de ser chilanga, porque esta ciudad ha sido un oasis para nosotros, los distintos, en un país donde reina la intolerancia. Porque así como existe la gente que nunca nos vio con buenos ojos, también están aquellos que nos recibieron con los brazos abiertos, que nos invitaron a comer todos los miércoles, y que cruzaron media ciudad un día difícil para llevarnos por un helado. Aquí viven las personas que lucharon porque todos tuviéramos los mismos derechos, que salieron a las calles en solidaridad para exigir justicia, que abrazaron la diferencia e hicieron de la diversidad la bandera de esta ciudad.

No me siento, en cambio, orgullosa de nuestros gobernantes. No me siento orgullosa de que volteen al otro lado mientras las inmobiliarias construyen otro edificio en una zona en la que ya no hay agua. No me siento orgullosa de sus privilegios y vidas de lujo en una ciudad en la que todavía hay hambre. No me gusta desconfiar de la policía; ver a tantos niños limpiando los parabrisas de las camionetas último modelo; caminar siempre alerta en las calles – porque, como mujer, caminar en esta ciudad es una actividad de alto riesgo –. No me gusta sentir que nuestros gobernantes no escuchan nuestra voz. Nuestros representantes, definitivamente, no nos representan.

Hace ya varios meses tuve la fortuna de conocer a un grupo de personas extraordinarias que comparten este amor por la ciudad y este deseo de transformarla para que no sea la ciudad de unos cuantos. Quiero construir con ellos ese mundo que te prometí cuando te reías a carcajadas. Por eso estoy en esta campaña, dedicándole mis noches y mis fines de semana y todas mis ideas y mi energía: porque necesitamos participar, todos y todas, en recobrar nuestra ciudad y nuestro futuro.

Por ti, María, y por la #QueridaCiudad que habitamos, #VamosAReemplazarles.

Sofía

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