Roberto Castillo

A mis hermanas,

Diana y Dayra, hace 10 años que salí de casa.

De un día para otro se acabaron las comidas de todos los días en familia, la cotidianeidad de bromas y risas y, también hay que decirlo, nuestras travesuras que hacían enojar a papá y mamá.

Sé que en estos años no he estado tan presente en sus vidas como me gustaría. Y mi ausencia ha sido aún mayor desde hace siete años, que comencé este loco y apasionante proyecto llamado Wikipolítica.

Durante este tiempo me he perdido muchos momentos importantes: cumpleaños, graduaciones, presentaciones de ballet… todavía me duele mucho no haber podido ir al funeral de nuestra abuelita Trini.

En cada una de esas ocasiones, llamé a mis papás para explicarles que no podría acompañarles porque como coordinador no podía faltar a la asamblea o porque era responsable de alguna actividad de Wikipolítica.
Es curioso, en gran parte emprendí este camino por ustedes pero este mismo camino me ha alejado de mi familia.

No podemos viajar en el tiempo, sé que mi ausencia no se puede enmendar pero, al menos, quisiera compartirles porque sigo en este camino.

La Ciudad de México me ha dado mucho en solo una década. He llorado de tristeza y felicidad. Aquí aprendí que se puede pasar un día entero leyendo a Ibargüengoitia en la Bombilla; y que las canciones de Chava Flores siguen describiendo perfectamente al Centro Histórico. Aprendí que cuando miles de personas gritan ¡Vivos los queremos! se fabrica esperanza; que el machismo mata y que no puede existir justicia donde hay desigualdad.

Aprendí también que cuando la tierra se estremece y el gobierno está ausente, las personas comunes se levantan y corren en ayuda de quienes lo necesitan.

Con los años, la Ciudad de México se ha convertido en mi nuevo hogar, un hogar al que debo la persona que hoy soy.

Diciembre del 2012. Todavía era Distrito Federal y Peña Nieto estaba tomando protesta, su juramento sabía a derrota para las miles de personas que durante ese año marchamos y transformamos los parques en plazas públicas llenas de debate y pasión. Esas marchas me enamoraron de lo colectivo y me mostraron lo que las personas podemos hacer cuando nos organizamos. Pocas sensaciones son tan impresionantes como el saberte acompañado de miles de personas que sin conocerse caminan juntas por un sentimiento compartido. A pesar de la derrota, creo que lo que generó el movimiento #YoSoy132 no se perdió. Los movimientos sociales forman generaciones, así lo hizo el 68 y así nos pasó en 2012 con 132 y dos años después con Ayotzinapa. Esos ánimos y esas ideas crearon cientos de esfuerzos en todo el país, uno de ellos, el mío, es Wikipolítica. Un esfuerzo para quienes creemos que es posible cambiar las cosas y para quienes nos rehusamos a dejar que todo siga igual, solo porque siempre ha sido así. En eso consiste hacer política y en eso consiste la democracia: en poder cambiar lo que no funciona o lo que no es justo.

Pero para poder lograr esos cambios, debemos tener claro por quiénes hacemos lo que hacemos. Para que en los momentos de mayor confusión recordemos por qué estamos aquí.

Y yo estoy aquí haciendo política por personas como ustedes. Porque quiero ser parte de la construcción de una ciudad y un país en la que todas las personas tengan acceso a hospitales públicos de excelencia, como el que permitió que nuestro papá venciera a la enfermedad que lo tuvo durante meses debatiéndose entre la vida y la muerte.

Porque quiero una ciudad en la que ninguna de ustedes vuelva a tener miedo de salir a la calle por temor a sufrir violencia o acoso.

Porque no quiero que ninguna madre o ningún padre tenga que sufrir porque la quincena no le alcanza para pagar los servicios básicos, la renta o para darle un regalo a sus hijos. Porque no se vale que nuestro papá, después de darnos todo durante toda su vida, hoy no tenga una pensión.

Porque quiero que mi Ciudad funcione para todos y no solo para aquellos que viven el lugares de lujo.

Porque no quiero arrepentirme de no haber hecho nada mientras tuve todo a mi alcance para cambiar las cosas.
Y aunque una diputación independiente es un primer paso en largo camino, es así como se logran las grandes hazañas: paso a paso y caminando junto a personas honestas y valientes.

No les voy a mentir, la lucha que enfrentamos es larga y difícil. No puede ser de otra forma cuando nos enfrentamos a una clase política que por décadas se ha acostumbrado a gobernar solo para sí misma, sin importarle nada más.

Hoy se vuelve fundamental recuperar el gobierno para nosotras, las personas, pues no podemos esperar a que la ciudad toque fondo para querer transformarla ¿O no es que tocamos fondo ya?
Dayra, Diana, el camino que tomé hace 10 años me alejó de ustedes. Pero son ustedes, la razón por la que hoy estoy aquí.

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