NUESTROS PRINCIPIOS

La vida se respeta

Una agenda de futuro es necesariamente una agenda de vida. Por eso, la primera tarea hoy es cuidarla y crear las condiciones para vivirla con dignidad y calidad a través del ejercicio y protección plena de nuestros derechos. De esta forma será posible ampliar el horizonte de la esperanza, de cuánto y cómo podemos vivir, en especial para quienes hoy son más vulnerables.

Las dimensiones de la crisis que actualmente vivimos nos obliga a crear herramientas y refugios para aliviarnos, a recuperar la esperanza y la alegría de vivir en comunidad. Para ello es indispensable no apagar la sensibilidad y reconstruir las bases de la convivencia, creando espacios para platicar, para dar pie a la proximidad, la cercanía, el encuentro, la saciedad, la luz y la calidez. Así enfrentaremos el enorme desafío que tenemos hoy para vivir en paz juntas, juntos.

Yo soy otro tú

Necesitamos garantizar que todas las personas tengan igualdad de oportunidades desde el inicio de la vida, así como acceso a los recursos materiales básicos para desarrollarse; evitar la acumulación de desventajas. Tenemos la obligación de construir espacios donde todas las personas tengamos derecho a la educación, entendido como el derecho a aprender. Debemos luchar por trabajos con salarios y prestaciones dignas y suficientes; crear un sistema de tributación e inversión más progresiva y cultivar la solidaridad entre las personas. Estamos obligados a revertir las desigualdades: la injusticia, la mala distribución de los bienes, la aplicación arbitraria y asimétrica de la ley, que lo que está escrito se cumpla en acciones; todo como parte de los elementos básicos para crear un país de iguales.

Ese país no sólo necesita de políticas y palabras institucionales: necesita tal vez más de personas comprometidas. Debemos recrear nuestra relación con la otredad. Debemos superar y trascender el miedo que genera lo diferente, educarnos en el ejercicio de nuestros derechos y obligaciones e invitar a más y más personas a reflexionar y combatir las desigualdades. Debemos comprender que yo soy otro tú, tú eres otro yo; somos un abrazo, un nosotros y nosotras.

La libertad se cultiva

La libertad no significa sólo la ausencia de prohibiciones sino, sobre todo, la posibilidad de alcanzar nuestro potencial. Esto requiere de condiciones y capacidades para ser real: el acceso a salud, alimentos, cuidados y al conocimiento colectivo, que se hace posible gracias a lo que queremos, protegemos y construimos como comunidad.

El trabajo, la salud, la cultura y la vivienda deben ser una realidad para todas las personas. Desde sociedad civil, academia, colectivos y organizaciones debemos apostar por informar a las personas para que puedan conocer, abrazar y apropiarse de esos derechos usando los medios y la creatividad necesarias; y, sobre todo, contando con ellos. Queremos personas tan informadas que demanden lo que necesitan y merecen: condiciones laborales que les permitan pensar en el futuro y no sólo en resolver las urgencias, que los servicios médicos alcancen para todas y se presten con dignidad, que seamos capaces de construir y abrazar nuestra identidad popular. Somos personas dispuestas a luchar por construir ciudades, campos y espacios dignos de nuestros sueños, cambiando el paradigma de lo que hoy significa progreso y desarrollo.

Las mujeres somos libres

Las mujeres nos sabemos libres, pero reconocemos un contexto de violencia, desigualdad y de luchas constantes. Creemos que es momento de colocar a las mujeres en el centro de la agenda pública y de las decisiones, en un sentido de inserción, diálogo, colaboración, alianza y respeto.

Somos dueñas de nuestro cuerpo, compartimos nuestras emociones y con ello la necesidad de espacios públicos y privados —conseguidos por el trabajo en red, la sororidad, la empatía y la solidaridad constante— en los que nos sepamos seguras y respaldadas. Queremos que se reconozcan y se pongan en valor las pérdidas y los problemas que nos afectan, que son problemas sistémicos y no casos individuales, y que existan posibilidades claras y dignificantes para denunciar cuando cualquiera de nosotras sea violentada, sabiendo que habrá una respuesta oportuna.

Compartimos la necesidad de tener acceso a servicios de salud integrales que conozcan nuestras particularidades y nos permitan decidir cómo ejercer nuestra sexualidad plenamente y con qué fin, de manera segura, libre de prejuicios y considerando nuestro consentimiento y bienestar. Necesitamos la libertad de decidir cuándo, cómo y si queremos ser madres, y desde esto poder construir familias y comunidades con responsabilidades compartidas, esfuerzos valorados y un fuerte compromiso por sembrar semillas de paridad en la sociedad en general y en las niñas en particular, para que desde tempranas edades reconozcan su valor, su potencial, su humanidad y su igualdad; y en los niños y hombres, para que puedan desarrollar nuevas masculinidades que suscriban a modelos más justos y más libres para todas y todos.

En las empresas e instituciones, formales e informales, trabajamos arduamente y exigimos el mismo trato, los mismos derechos, el mismo ingreso y todo lo que implica el tener la oportunidad de sobresalir, liderar y tomar decisiones sin obstáculos o estereotipos que nos compliquen o detengan en el camino. Alzamos nuestra voz y exigimos sensibilidad, garantías y el reconocimiento de todas nosotras, sin importar edad o raza, desde nuestras realidades rurales y urbanas; desde la diversidad sexual. Demandamos un reconocimiento que posibilite las transformaciones culturales necesarias para la paridad, y se nutra y fortalezca con información y educación significativa, contextualizada y reiterada, que se sustente en el lenguaje incluyente, en lo que vemos en los medios y la publicidad, en nuestras leyes y quienes les hacen valer, y en el entendimiento conjunto de por qué esto es importante para todo el país.

Comunidad es diversidad

La diversidad nos hace fuertes. Nos ayuda a encontrar respuesta a los problemas complejos, nos maravilla con sus artes y manifestaciones, da sentido y riqueza a la vida. La humanidad es una constelación y brilla más mientras más estrellas y colores tenga.

La ciudad actual, desarrollada por capitales inmobiliarios y una función pública que ha delegado en ellos la producción del espacio, va perdiendo su función social, anteponiendo el beneficio individual por encima de los beneficios comunes. De esta forma la ciudad actual impone, expulsa, segrega y margina a grandes poblaciones, perdiendo con ello la posibilidad de crear y encontrar soluciones que funcionen para todas y todos.

Ante tal panorama, reconocemos necesario impulsar la inclusión, la integración, el encuentro y la colaboración entre distintos grupos sociales a través de la multiplicación de los espacios públicos, la educación orientada a la colectividad y el intercambio de información e ideas que vienen con ella.

Gobernar para servir

Aquellos que creen que el país y las personas les pertenecen, escuchen: no nos representan, y por eso vamos a reemplazarles.

Vamos a reemplazarles para servir, para profesionalizar el servicio público, para transparentar la toma de decisiones, para resignificar y dignificar la profesión de servir, para utilizar los recursos públicos de manera responsable y transparente, para vigilar y fiscalizar a quienes deben producir valor público con ellos. Queremos servir para formar una generación de demócratas competentes, solidarios, preparados e inmersos en instituciones que respondan a las exigencias de una sociedad empoderada y participativa.

La apuesta por representar y ejecutar el servicio público de manera digna y responsable solo puede existir en un país de y con capacidades, por lo que debemos asegurar esas capacidades para poder exigir con seguridad y con base en información certera. Por lo anterior le apostamos a los datos abiertos, a los presupuestos participativos y a la autonomía de auditorías y fiscalías para reducir la privatización de lo público; para recuperar y dignificar la política como un bien público.

Solo tenemos un mundo

Así como tenemos la vida empeñada a la comunidad, la tenemos también empeñada a nuestro entorno. Hemos hablado de la conquista y el cultivo de mundos interiores, pero también hay uno afuera que es el mismo y nos es común: es la tierra sobre la cual tenemos los pies plantados. Ésta ha sido generosa con todos, y también debe serlo con quienes están por venir. Por ello rechazamos el dilema entre la ganancia y el bienestar, entre la especulación y el cuidado, entre la producción de riqueza colectiva y la riqueza de unos cuantos.

Cuidar nuestro entorno es afirmar nuestro derecho común a un medio ambiente sano, así que vamos a ejercer la soberanía sobre los recursos compartidos. Cuidarlos y asegurarnos de que su fruto sea para el beneficio de nuestra comunidad es un gran paso para cultivar el jardín que queremos habitar: igualitario, amable con todos y lleno de futuro.

Recuperemos el vínculo con nuestro mundo, con la naturaleza, con el campo; recobremos la sensibilidad y la empatía con nuestro entorno y construyamos desde la solidaridad y la conciencia de que la salud del planeta es nuestra salud. Recordemos que desperdiciar y despreciar lo que nos rodea es renegar de nuestras raíces, negar de dónde venimos y afectar nuestras posibilidades de futuro.

Para volver a tener una verdadera conexión debemos abordar de forma transversal temas fundamentales como el combate del cambio climático, la conservación de la biodiversidad, la soberanía alimentaria, la protección de nuestras tierras y el manejo integral del ciclo del agua —sin destruir vidas u oportunidades—. Para protegerlo y protegernos, emprendamos acciones concretas dirigidas desde y para la comunidad, de propiedad colectiva, cambiando el sentido con el que actúan las instituciones que priorizan la explotación con fines meramente económicos.

La riqueza es colectiva

Nuestro presente es la cima de una enorme montaña que el pasado nos ha regalado. Hoy tenemos un piso firme de saberes, recursos y herramientas compartidas. Esta riqueza sin igual es colectiva, porque fue construida por quienes nos anteceden y quienes ahora mismo trabajan a nuestro lado aunque no les veamos, y porque servirá a quienes vengan después de nosotras.

Este patrimonio de derechos sociales, elementos de bienestar y conocimiento heredado, no le pertenecen a una persona ni a ningún individuo: le pertenecen a la humanidad. Por ello tenemos una deuda infinita con el pasado y un compromiso igual de grande con el futuro, y la única forma de honrarlo es contribuyendo en el presente a la construcción de un mundo libre, igualitario y próspero; un mundo que comprenda que la solidaridad es la esencia de la condición humana. Así, nuestro compromiso es ampliar el conocimiento y los bienes comunes para contrarrestar el rezago que existe en diversos campos de la vida.

Necesitamos recuperar los espacios de toma de decisión para que el acceso a la riqueza de esta tierra, el conocimiento, las tecnologías y los medios de subsistencia sean una garantía para que todas las personas podamos disfrutar de una vida digna.

Lograremos esto retomando el conocimiento de aquellas personas que viven en verdadera comunidad, donde el agua es de todos, donde el trabajo de cada uno es valioso y los derechos son una práctica de todos los días. Una minoría no puede ni debe tener la mayor parte de la riqueza porque esa riqueza es producida de forma colectiva. Necesitamos contagiar la alegría que provoca la construcción de un proyecto de país que nos toma en cuenta a todas y todos para combatir las desigualdades, columna vertebral de las injusticias y la violencia.

La justicia es innegable

La justicia sólo tiene sentido si la hablamos, vemos y ejecutamos desde la igualdad. Igualdad tanto en derechos, libertades, oportunidades y la garantía del acceso a una vida digna. Todas las personas tenemos el derecho de exigir y recibir justicia. Construir y vivir en un estado de derecho, uno donde la justicia sea real y accesible, es un prerrequisito para la democracia.

En un país donde la impunidad es altísima, en donde las personas desaparecen y a su familia se le va la vida en buscarles, donde los servidores públicos se sirven del pueblo, donde las minorías están desprotegidas y donde la violencia se extiende en cada rincón, la justicia no sólo es necesaria, sino que se convierte en un imperativo para coexistir. Por lo tanto, debemos construir un país en el que el acceso a la justicia sea una realidad para todas las personas, particularmente quienes pertenecen a un grupo vulnerable; un país con un marco constitucional claro y garantista, con instituciones de justicia autónomas, confiables, transparentes y abiertas, que sean vehículos para que las personas reciban justicia, se respeten sus derechos humanos y se haga posible su derecho al futuro.
La justicia puede y debe resignificarse para entenderla como una condición para la paz, la regeneración del tejido social, la prevención y solución alternativa de conflictos, desde los valores comunitarios, la cultura y la educación. Hablar de justicia desde este enfoque es hablar de democracia.

La verdad sí importa

Los hechos alternativos no existen, existen las mentiras. La verdad no es opcional. Quizá no siempre podemos encontrarla, pero su búsqueda es imprescindible. Hoy en día tenemos la revolucionaria capacidad de comunicarnos con millones en segundos, y esa capacidad puede utilizarse para democratizar el conocimiento o para manipular y multiplicar las mentiras y banalidades.

Vivimos en un mundo donde tenemos gobiernos viciados que vigilan a quienes juraron proteger. El miedo a expresarnos debe convertirse en un pasado que queremos olvidar porque la libertad de expresión es un derecho que nadie nos puede negar. Protejamos a quien nos protege y nos informa, protejamos la autonomía e independencia de los medios para que crezcan en número y competencia, pero sobre todo crezcan en libertad y seguridad.

La primer arma contra esta realidad —a veces la única— es la verdad; nuestro compromiso es absoluto con su búsqueda y la necesidad de compartirla. Por eso debemos de simplificar los procesos de transparencia y rendición de cuentas, y adoptarlos como principios; principios que deben cumplirse con compromiso, deseo y pasión, que deben traducirse a un lenguaje común. Debemos de terminar con lógicas nocivas de usar lenguajes y dinámicas complejas para excluir a las personas comunes: reconozcamos que tanto la política, los espacios y la información son de todas las personas, reconozcamos en el acceso y posesión de la información una herramienta de poder… y entre más la compartamos y podamos crearla en conjunto, podremos verdaderamente compartir el poder.

AGRADECIMIENTOS

La visión y propuestas del Programa de las Personas fueron construidas en mesas de diálogo, conversaciones en la calle, sondeos, entrevistas con expertos y una revisión de múltiples informes e investigaciones sobre la Ciudad de México.

Agradecemos especialmente a todas las vecinas y vecinos que colaboraron en el proceso así como a los múltiples especialistas que participaron en el proceso.

A continuación una lista no exhaustiva de las personas que fueron parte de la construcción de nuestro programa.

  • Adriana Chávez. Especialista en planeación urbana y manejo de agua.
  • Areli Carreón. Especialista en movilidad.
  • Claudia Campero. Especialista en agua.
  • Elena Tudela. Especialista en planeación urbana.
  • Elisa Lavore. Especialista en política educativa.
  • Eduardo Bohorquez. Especialista en política aticorrupción.
  • Guillermo Cejudo. Especialista en adminsitración pública y política social.
  • Irving Garmendia. Especialista en urbanismo.
  • Janet De Luna. Especialista en política de vivienda.
  • María Ines Velasco. Especialista en prevención de violencia.
  • Mónica Tapia. Especialista en participación ciudadana.
  • Montserrat . Especialista en derechos de personas con discapacidad.
  • Olivia León . Especialista en .
  • Óscar Illescas. Especialista en salud.
  • Salvador Herrera. Especialista en movilidad.
  • Suhayla Bazbaz. Especialista en derechos sociales y prevención de la violencia.
  • Thomas Favennec. Especialista en seguridad.
  • Víctor García. Especialista en derechos sociales.
  • Víctor Mendoza. Especialista en prevención de violencia.
  • Victor Rico. Especialista en planeación urbana.
  • Xavier Treviño. Especialista en movilidad.
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