Mercurio Cadena

Queridas ocupantes:

Le tengo envidia de la buena a quienes se saben de un solo lugar. “Soy de San Luis”; “soy de Mérida”; “soy de Guadalajara”. ¿De dónde somos los itinerantes? ¿Alguien le ha preguntado a los lugares si quieren tenernos? ¿Es promiscuo que nos tengan varios al mismo tiempo? Y si sí, ¿es mala la promiscuidad, con lo descansado que queda uno?

De dónde soy, yo no lo sé de cierto… Y sin embargo, una certeza tengo: viviese yo en las costas del Oriente, o en los pantanos del Sureste, o en el Sur de la Capital, al De Efe siempre dejó sentir su generosidad cuidando a los míos a la distancia y dándome un lugar dónde nacer. Al De Efe siempre le ha dado la vida para ser generosa, y como ejemplo queda la vida de mi abuelo Roberto.

Mi abuelo es de San Luis Potosí, de la capital. Allá trabajaba cargando máquinas de escribir en un localito, en el que fue aprendiendo “el oficio” de la mecánica. Cuando mi bisabuelo Gerónimo murió de cáncer, mi abuelo tenía 12 años. Su mamá, mi bisabuela María, fue embaucada y le quitaron todos los bienes familiares. Al poco tiempo, mi abuelo recibió una invitación de la Remington, empresa que según él era la mejor productora de máquinas de escribir, para trabajar en el De Efe. Mi abuelo tomó a toda su familia y llegaron a la Ciudad a dormir en una banquita de un parque cerca de la TAPO hasta que tuvieron suficiente dinero para rentar un cuartito en la Colonia Moctezuma.

En la empresa, mi abuela era secretaria. A mi abuelo le encantó su tremendo don de gentes, que después sería uno de los talentos que fincaron el bienestar de la familia. Era tan buena vendedora de Avón que el teléfono nunca dejaba de sonar en casa. ¡Es la vecina del trece que quiere su perfume! ¡Es la prima Ana que si le traes otros aretes! ¡Es la señora Areli que si le mandas a Anita con un catálogo!

Ese par se conoció y se casó. A los 22 años mi abuelo se independizó. Fue conocido como el mejor mecánico del Centro durante un tiempo. Llegó a tener una plantilla de 20 mecánicos en el famoso local de Cuba 68. Hoy mi abuelo no usa computadoras más por una sensación de traición que por una incapacidad para hacerlo: “esas cosas ni engranes han de tener. No son confiables”.

La vida no era fácil, pero la Ciudad era lo suficientemente generosa como para que, después de mucho trabajo duro de mi abuelo con sus engranes y aceites y de mi abuela con su don de gentes y lociones, pudieran comprar una casa en San Pedro el Chico; pueblito recientemente vuelto colonia de la “periferia”. Con el tiempo, llegaron los hijos. Cinco en total, entre ellos mi mamá.

Esa mata llamada Ciudad de México siguió dando y dando. Paulatinamente pudieron echar mezcla y construir un segundo piso (supervisado por mi abuelo en persona; todólogo sin miedo al derrumbe). En esa casa pasamos todas las Navidades, hasta que mi abuela murió. Vender esa casa fue una de las cosas más dolorosas que hemos tenido que hacer… Hoy mi abuelo vive en Puebla con mi tía Norma muy tranquilo, feliz de la vida que entre él, mi abuela y la Ciudad pudieron darle a sus hijos e hijas, y después a nosotras sus nietas.

Querida Ciudad: quiero que vuelvas a ser ese núcleo de amor y oportunidad que cosechó a mi familia y a millones de familias más que hoy te enraizan y te llaman hogar. Quiero que venzas tus retos; que recuperes tus ríos y mantos; que vuelvas a ser humana y generosa para con toda tu gente. ¡Quiero volver a presumir que tienes la región más transparente del aire! Pero sobre todo, te quiero regalando navidades como las que me regalaste a mí, en las que quizá nunca hubo lujos, pero risas y amor… ¡a borbotones!

Y en esa misión, Roberto no va solo. Va conmigo, y va con todas las ocupantes como ustedes que queremos muchas navidades así en Las Portales. #VamosAReemplazarles.

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