Fernando Avalos

Les quiero conmigo

Mi historia es el encuentro paulatino de los recuerdos que nuestros padres suelen escondernos para evitarnos el dolor de sentir la rabia, tristeza, y soledad, que han tenido que enfrentar en los momentos más crueles de su vida, y que para algunos, sabemos han sido muchos.

La historia de mi familia ha sido una de trabajo duro, forjar carácter, y aprovechar oportunidades entregadas por aquellos que podían darlas, y que hoy, somos nosotras.

Una familia paterna atada por el racismo y los estigmas hacia el campo, impulsada por su ambición de ser, pertenecer, y con la firme convicción de que la disciplina y la educación les sacarían adelante económicamente. Una familia materna sufriendo los peligros silenciosos que te gritan en la cara al vivir en la pobreza; la pésima planificación urbana, llegando a una colonia popular recién inaugurada, exponiendo a una familia con mayoría de mujeres a la amenaza constante del acoso y agresiones sexuales de un lugar donde la ley no existía si no era la propia.

Están también, todas las personas que confiaron en la capacidad de mi madre y mi padre, y quienes dentro de sus posibilidades les otorgaron un cuarto más amplio, para al fin poder respirar con tranquilidad. Vivir la vida, no sólo sus circunstancias.

Sería hipócrita al no continuar la lucha. Y digo continuar porque vengo de una familia de valientes, que con su testimonio y forma de vida, son en sí mismas una historia de inconformidad y subversión en contra de las probabilidades, y por otro lado, desde la resistencia civil o las armas, han peleado contra el sistema o la muerte, respectivamente.

He llegado a darme cuenta, que hay dos tipos de mexicanos, aquellos que sistemáticamente nacen rotos, y aquellos que con el tiempo el sistema rompe. Yo hoy aún estoy entero, y mientras así sea, no me parece congruente sentarme en paz a ver como todo sucede.

¿Por qué a mí? No lo sé, pero me obliga a hacer algo, ¿por qué no a todos?

Entender que estas historias siguen ocurriendo a diario, que esas personas no están aquí conmigo, construyendo con nosotras, pues hace dos generaciones, diez años, tres meses, dos días o tal vez hoy mismo, a una familia la vida ya no le dio, y no hubo manos suficientes para no dejarlas caer.

El que mis padres me cuenten para mí todo esto es un orgullo, porque esto significa confianza, y el anhelo de que entenderé lo que han vivido. Hoy sé que los relatos han sido una parte gigante de mi enseñanza, sin embargo no quiero que lo mismo me sea contado por mis hermanos, porque escuchar el mismo problema dos veces sin hacer algo para solucionarlo, resumiría todo esto en una simple negligencia.

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