Daniela Dávila

Mis porqués

A Paty, Patricia y Juan, mi querida familia.

Les escribo porque sé que, aunque no me lo dicen, se han preguntado muchas veces por qué formo parte de este gran movimiento que me ha hecho salir muy temprano de casa varios días. Sin más rodeos, les cuento que hace algunos años, la realidad por fin rompió mi burbuja de privilegios que me impedía ver al México de las desigualdades. Las facilidades que nosotros tenemos son solo un sueño para muchos y eso, me indigna.

Crecí con mi abuelo y con sus pláticas de política en la mesa, acompañado siempre de un periódico y una taza de café. Escuché su hartazgo, originado de años de promesas falsas que solo lo dejaron inundado de decepción, pero también sentí en sus palabras esa esperanza que creo que todos aún tenemos, esa que nos hace pensar que no todos los políticos son iguales y que nuestro país no tiene por qué estar condenado a ser gobernado por personas que no nos representan.

He decidido tomar esa indignación y hartazgo para convertirla en acciones que sumen y en la campaña de Roberto Castillo he encontrado gente que está más que dispuesta a hacer lo mismo.

Soy ocupante porque un día más de indiferencia, es un día más de promesas sin cumplir, de esas que desilusionaron tanto a mi abuelo. Un día más de indiferencia, es un día más en el que dejamos que nuestro futuro se nos vaya de las manos, no lo permitamos.

Hoy estoy aquí porque quiero ser parte de una voz más incluyente, una que grite cada vez más fuerte las injusticias y que lo haga, sobre todo, por quienes ya no pueden hacerlo.

Quiero trabajar para que a nuestra ciudad no la mueva el clientelismo porque no quiero volver a ver a mi segundo hogar, ni a ninguno, caer.

Quiero pensiones dignas, que tengamos un mejor servicio de salud, que la educación sea de calidad y disponible para quien quiera, no para quien pueda, que los jóvenes no tengan un costo de oportunidad más alto de estudiar que de trabajar, que el salario mínimo sea digno y suficiente y que la ley proteja y haga valer los derechos de todas las personas, sin importar nada.

Pero, lo más importante, estoy comprometida a trabajar por una ciudad y país más seguro para las mujeres, porque quiero que María José, Silvana, Luciana, Isabella y Antonella no tengan miedo de salir a las calles, porque quiero que las respeten, que se expresen como ellas quieran; las quiero libres y vivas.

Eso es lo que me ha llevado a este lugar que me da esperanza, la misma que sentía cuando platicaba con mi abuelo. Ojalá viviera para que con sus ojos viera que ya estamos construyendo lo que él tanto deseaba, una comunidad muy fuerte que ya se encontró y que no se piensa soltar.

Familia, ustedes me han enseñado mucho, pero hoy, espero que yo pueda dejarles alguna enseñanza con esto también. Por favor no crean que un mejor futuro no es posible, que ya no les mientan, sí podemos hacer la diferencia porque la política nos pertenece a nosotras, las personas comunes, y vamos a recuperarla.

Les quiere siempre.
Daniela

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