Ana Estudillo

Querida Ciudad:

Tenía 16 años cuando a mi mamá le detectaron cáncer de seno. Al inicio, comenzó su tratamiento en un hospital público de la Ciudad de México. Recuerdo que las condiciones eran tan precarias que teníamos que llevar nuestras propias sillas para la espera. Un día, después de tres horas en la sala, una mujer que había llegado sola fue a hablar con la trabajadora social. Se sentía mal pero no podía pagar la quimioterapia. Después de mucho verla deambular de ventanilla en ventanilla pidiendo a los burócratas que le dejasen tomar el tratamiento sin pagar la cuota, mi mamá no pudo más, me dio los 300 pesos que necesitaba y me indicó que se los diera a la señora.

Poco tiempo después, en mi familia nos cansamos de los malos tratos y las horribles instalaciones. Mi papá vendió propiedades y utilizó todos sus ahorros para que mi mamá se atendiera en un hospital privado y, al mismo, tiempo cuidar de sus hijos y hogar. Gracias a este titánico esfuerzo, mi mamá nos acompañó por 4 años más.

Sé que fui afortunada. No fue fácil pero sé que pagar un servicio médico privado es algo que pocas personas pueden hacer en este país. Entre tanta injusticia, encontré mi vocación: me dí cuenta que quería ser médica, no solo para atenuar el dolor o resolver los acertijos de una enfermedad silenciosa sino porque estoy convencida de que el sistema tiene que cambiar. Tenemos que prevenir más y mejor; tenemos que transformar las indiferentes y burocráticas condiciones de los hospitales públicos; tenemos que crear un sistema de salud más humano; tenemos que tomar en cuenta no solo a las personas enfermas sino tambien a quienes les cuidan y ven por ellas.

Hoy soy médica y me dedico a la investigación en salud pública. Ha sido un largo y accidentado camino pero también uno muy bello y enriquecedor. En él, he descubierto a personas maravillosas que al igual que yo, saben que podemos y debemos transformar la política y nuestro país. Desde hace casi 5 años colaboro en Wikipolítica. La misma organización de la que nació la candidatura independiente de Roberto, mi querido amigo y compañero de batallas.

Estoy en esta campaña para honrar el recuerdo de mi mamá, la valentia de mi papá y el dolor de las millones de personas que no tienen un servicio de salud digno.

Querida Ciudad, por ellos, por las muchas personas que te habitamos: Roberto no va solo, va conmigo.

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Armando Estrada

Amintita,

Al momento de redactar esta carta, estuve pensando un buen rato de que se iba a tratar. No soy muy fan de hacer cartas pero cuando decido hacerlas, me gusta echarle ganas. Así qué haré mi mayor esfuerzo por expresar todos los sentimientos y recuerdos que vienen a mi mente cada que intento describir el infinito amor y admiración que siento por ti.

Los primeros recuerdos que tengo en mi vida, donde tu apareces, me llevan a verte en un super mercado vestida de rosita, con todo y moñito, y que primeramente me hacen pensar que eres la persona más hermosa que haya visto en mi vida, y que probablemente jamás veré. Pocas historias me gustan tanto escuchar tantas veces, como cuando doña Oly empieza a relatar todas esas veces que me encabronaba porque te dejaban “libre” paseando por las plazas y yo solo pensaba que en cualquier momento alguien te pudiera robar. No podía evitar esa necesidad de querer proteger a mi hermanita porque es indefensa por el simple hecho de ser mujer.

Jamás lo había pensado tanto a detalle pero tú eres una de las principales razones que hacen levantarme día con día fastidiado de lo que ocurre con nuestro país. Probablemente, de no haber sido por tu llegada hace ya 20 años, yo no estaría tan apasionado por lo que hago y que planeo seguir haciendo el resto de mi vida. En pocas palabras, de no haber sido por ti, yo no tendría conciencia de lo dificil que es ser mujer en este país.

Tu me inspiras a soñar con un mundo diferente porque, pese a la situación actual, has decidido jugar un deporte que supuestamente es para hombres como lo es el futbol; eres una de las personas más inteligentes que conozco, te has ido a viajar sola por el mundo, sales de noche y no necesitas que un hombre te lleve y te recoja; decidiste irte a vivir a otra ciudad y entrar a una escuela pública (la mejor del país jeje) y enfrentar todos sus estereotipos machistas. En pocas palabras, has roto con todos los paradigmas en los que se sustenta nuestra cultura machista.

Gracias infinitas por ser la persona más hermosa que haya visto, pero sobre todo por hacerme ver que mi principal labor como hermano, persona y sobretodo hombre, no es protegerte, sino buscar impulsar un espacio en el que ni tu ni nadie, por simple hecho de ser mujer, necesiten de un hermano para poder vivir tranquilamente.

Te amo y gracias por darle rumbo a mi vida, desde que tengo 4 años y 9 meses.

Armandito

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Aline Enriquez

Querida mamá, querido papá:

Gracias a ustedes, a su esfuerzo constante, a nuestra familia nunca le ha faltado nada; ni la comida, ni el techo, ni las oportunidades, ni el cariño. En ese sentido, hemos gozado de una vida privilegiada. Pero hace tiempo descubrí que muchas, muchas personas -más de la mitad de las mexicanas-, carece de todo esto, de los medios para cubrir sus necesidades básicas, que viven algo muy cercano a no tener ​nada.​ Personas que empiezan temprano el día para ganarse el pan,cuidan de su familia, se preocupan por su comunidad. Personas que han sido olvidadas por un sistema que abusa de ellas en lugar de protegerlas.

Mamá, papá: ustedes me enseñaron a ser responsable, a no ser indiferente ante la injusticia, a defender lo que creo, a no rendirme nunca. Hace seis años, supe por primera vez lo que es tener miedo a que nada cambie, a que las cosas sólo puedan estar peor. Hace cuatro, entendí lo que es temblar de rabia e impotencia. Pero en este tiempo he aprendido, además, el valor de la esperanza. Buscando una respuesta en la calle, me encontré con cientos de miles de personas que también clamaban por justicia, por verdad, por un futuro. Personas que, valientes, se han atrevido a soñar un mejor país, e incluso, se aventuran todos los días a tratar de construirlo, desde las grandes ideas, las hazañas complejas, desde lo cotidiano.

Tengo el honor de llamar a estas personas mis compañeras de lucha. A su lado he aprendido que otro país es posible y no vive solamente en nuestra imaginación; que nuestras acciones diarias pueden contribuir, aunque sea sólo un poco, a que las desamparadas puedan acceder a una vida más digna.

Mamá, papá, yo que que ustedes a veces no entienden qué estoy haciendo cuando les digo que no llegaré a cenar o que no nos veremos el fin de semana porque m​ e voy a hacer política​, pero es que esta lucha nos exige todo el tiempo que tenemos disponible para que el futuro que anhelamos pueda empezar a existir ahora.

Seré honesta; a veces cuando decimos que vamos a recuperar la ciudad,​ me pregunto si alguna vez la tuvimos. A veces cuando hablamos con las personas del proyecto que construimos y me contestan que no me creen, que no les interesa, que nada va mejorar, que yo qué gano con esto… me entran dudas, me duele el corazón. Pero entonces me acuerdo de ustedes. Papá: tú me enseñaste que el cansancio se confunde fácil con el miedo a no llegar a la meta, y, desde que camino con las wikis, yo ya no tengo miedo, me sé acompañada y entiendo que vamos caminando lento, porque vamos lejos.

Mamá: tú me enseñaste que la unión hace la fuerza. Sé que yo sola no puedo transformar al mundo, pero he sido testigo de cómo un montón de personas unidas puede hacer la diferencia. Dice John Tackara que “si podemos diseñar nuestro camino hacia las dificultades, podemos diseñar nuestro camino fuera de ellas”. Y yo le creo. Creo en mi corazón que podemos salir juntas de este lío, que lo que estamos sembrando ahora crecerá en un tiempo, y que todo este trabajo valdrá mucho la pena.

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Sofía Hurtado

A María.

Trajiste mucha alegría a mi vida cuando naciste. Me acuerdo la primera vez que te reíste: te causó mucha gracia vernos lanzar un bote de medicinas entre nosotros. Pasamos una hora más lanzando ese bote, porque tus carcajadas eran la forma más pura de felicidad que habíamos escuchado.

Llegaste a formar parte de una familia poco tradicional, con mucha historia previa, muchas partes de ella muy dolorosas. Una familia con cuatro medios hermanos que desde el día uno te amamos como el quinto miembro que nos faltaba en el equipo. Entonces eras muy pequeña para saber que, en el mundo en el que nos movíamos, las familias como la nuestra no tenían cabida. Eras muy chiquita para que te explicáramos por qué las mamás de la escuela de Pablo, tu hermano, no lo invitaban a las fiestas infantiles; por qué Pablo no tuvo amigos hasta 4to de primaria; o por qué no había fotos nuestras en la sala.

Yo desde entonces decidí que quería trabajar para que tú y otros niños como tú encontraran un mundo donde siempre se sintieran bienvenidos, independientemente de si venían de la familia “adecuada”, amaban a la persona “correcta” o tenían sueños e ideas más grandes que la visión estrecha que nos imponen de fuera. Un mundo justo, donde el código postal no determinara las oportunidades de éxito, donde podamos reconocernos todos como iguales y sobre todo igualmente valiosos.  Un mundo, como dicen los zapatistas, donde quepan muchos mundos.

Siempre me he sentido orgullosa de ser chilanga, porque esta ciudad ha sido un oasis para nosotros, los distintos, en un país donde reina la intolerancia. Porque así como existe la gente que nunca nos vio con buenos ojos, también están aquellos que nos recibieron con los brazos abiertos, que nos invitaron a comer todos los miércoles, y que cruzaron media ciudad un día difícil para llevarnos por un helado. Aquí viven las personas que lucharon porque todos tuviéramos los mismos derechos, que salieron a las calles en solidaridad para exigir justicia, que abrazaron la diferencia e hicieron de la diversidad la bandera de esta ciudad.

No me siento, en cambio, orgullosa de nuestros gobernantes. No me siento orgullosa de que volteen al otro lado mientras las inmobiliarias construyen otro edificio en una zona en la que ya no hay agua. No me siento orgullosa de sus privilegios y vidas de lujo en una ciudad en la que todavía hay hambre. No me gusta desconfiar de la policía; ver a tantos niños limpiando los parabrisas de las camionetas último modelo; caminar siempre alerta en las calles – porque, como mujer, caminar en esta ciudad es una actividad de alto riesgo –. No me gusta sentir que nuestros gobernantes no escuchan nuestra voz. Nuestros representantes, definitivamente, no nos representan.

Hace ya varios meses tuve la fortuna de conocer a un grupo de personas extraordinarias que comparten este amor por la ciudad y este deseo de transformarla para que no sea la ciudad de unos cuantos. Quiero construir con ellos ese mundo que te prometí cuando te reías a carcajadas. Por eso estoy en esta campaña, dedicándole mis noches y mis fines de semana y todas mis ideas y mi energía: porque necesitamos participar, todos y todas, en recobrar nuestra ciudad y nuestro futuro.

Por ti, María, y por la #QueridaCiudad que habitamos, #VamosAReemplazarles.

Sofía

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Romina Cabeza

Ambos llegaron hace algunos pocos años a mi vida, tenían mucho para enseñarme, tú tan tierno y lleno de vida, la Wiki con energía y esperanza diciéndome que es posible un mundo mejor para ti y para todos.

Eso fue suficiente para buscarle horas extras al día y poner mi grano de arena en Wikipolítica, porque veo en ti a todos los niños que tienen derecho a un futuro en el que sus derechos sean respetados, en el que haya oportunidades suficientes para desarrollarte.

Y es cierto eso de que “crecen tan rápido”, tú ya en la escuelita y nosotros en wiki impulsando candidaturas independientes. En en el camino he aprendido a confiar, a trabajar acompañado, a que cada esfuerzo vale. Quiero que sepas que cuando tu tía hablaba de hacer política para las personas, pensaba en ti.

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Miguel Serrano

Hola,

Yo te quiero. Te quiero porque me tomaste de la mano para ir a la escuela la primera vez. Te quiero porque me enseñaste a leer y escribir. Te quiero porque me has ayudado a orientarme cuando me pierdo. Te quiero porque me ayudas a mejorar cuando me enfermo. Te quiero porque recuerdo que me has protegido. Te quiero porque te he visto ser heroica. Te quiero porque te he visto ser abnegada en los momentos que otros te han necesitado. Te quiero porque aún puedes sorprenderme cuando hace falta ver bondad.

Pero dejé de confiar en ti. Cuando te vi mentir. Cuando te vi robar. Cuando te he vi hacer daño a la gente por llenarte los bolsillos de unos pesos. Cuando te vi ser indiferente al sufrimiento de la gente alrededor de ti. Cuando te vi negarle derechos a la gente por no parecerse a ti. Te vi ser misógina, homofóbica, clasista, y racista. Parece que siempre puedes inventar una manera más de discriminar. Dejé de confiar en ti cuando te vi olvidar. Has dejado que tanta gente se aproveche de nosotros y no veo cuando vayas a parar.

Yo te quiero México. Te veo en toda tu gente, y todo lo que hacen. Me has dado todo, y me has maravillado con todo lo bueno de tu gente. Pero también he visto lo malo de lo que eres capaz. Y se volvió tan presente que lo malo para mí opaco todo lo bueno que tienes. Y con toda la vergüenza te digo que me rendí.

Pasé mucho tiempo triste, viéndote con desesperanza. Y de repente te conocí de nuevo. Te vi saliendo a la calle, ocupándote de lo importante. Te vi siendo valiente. Como nunca, te vi con la decisión de cambiar las cosas. Y por eso quiero ayudarte a que mejoremos todos. Quiero darte las cosas que mejor se hacer, y las que tengo que aprender. Ponerle el esfuerzo y tiempo necesarios junto contigo. Porque algún día quiero que los que trabajamos para el bien de todos nos llamemos México, hoy empezamos llamándonos Wikipolítica.

Atentamente,

Miguel

 

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María León

Querida hermana,

Te escribo para explicarte qué es lo que he estado haciendo este año en que tu has estado lejos. Se que te preguntas por qué no voy a ir a tu graduación en dos semanas, por qué casi nunca estoy en casa en las noches cuando hablas por teléfono con mis papás, y por que no he podido estar cerca de la abuela en estos meses de duelo. Te explico.

En mis primeros semestres de la universidad, acompañé a una amiga cuando sufrió acoso en el salón por parte de un compañero. Fue uno de los momentos de más rabia e impotencia en mi vida: me di cuenta de que esas injusticias suceden hasta en los espacios donde se supone que estamos seguras, aprendiendo y construyendonos como personas. Acompañada de un grupo de chicas que habíamos presenciado todo, mi amiga tuvo el valor de denunciar en la unidad legal de la facultad, y así volvió a sentirse –mas o menos- segura en la escuela. Pero si no hubiéramos estado juntas, creo que nos hubiera ganado el miedo, como tantas otras veces nos pasó en la cotidianidad. Todas habíamos tenido alguna experiencia violenta en la calle, en el trasporte, o en nuestras relaciones personales, y nos habíamos quedado sin decir nada. Aprendí que estando sola es más difícil alzar la voz.

Por eso la Campaña de Roberto es tan importante para mi: en este proyecto he encontrado una comunidad que me acompaña a decir ‘ya basta’ ante las injusticias de nuestro país. No quiero que más mujeres sufran lo que sufrió mi amiga, ni que haya personas mayores que no tienen acceso a pensiones, ni que nadie pierda a un familiar a manos de la violencia o la negligencia médica. No me gusta que tu sientas que el futuro en este país no tiene nada que ofrecerte: ni educación pública de calidad, ni un trabajo bien pagado, ni seguridad al caminar en la calle.

Creo que por eso me toca estar inconforme y demostrarte que la realidad en que vivimos no es definitiva, que podemos abrirnos camino, y que no hay que tener miedo. Que existe otra forma de hacer política de la que vemos todos los días en el periódico: con honestidad, con amor, y con austeridad. Es importante aferrarnos a los espacios que están diseñados para que las voces de las personas se escuchen, y por eso estoy ayudando a Roberto a ocupar lugar en el congreso.

La esperanza es como una bola de nieve, y estamos trabajando para que crezca cada vez más en un país profundamente lastimado. No es una tarea fácil, pero justo por eso hay que hacerla. Así que te pido que seas paciente conmigo. Mi motivación para hacer esto eres tú, y el resto de las personas que quiero. Nuestros papás, nuestra familia, y nuestros amigos cercanos. Pero al mismo tiempo, he tenido que sacrificar los momentos que pasamos juntos para seguir luchando. Es difícil, pero sé que a largo plazo vale la pena.

Gracias por apoyarme siempre, en las buenas y en las malas.

Te quiere,

Tu hermana

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Luis Alvarado

Querida ciudad:

Gracias. Gracias por los callejones de San Ángel y las capillas de los Siete Barrios, gracias por los canales de Xochimilco y los jardines de La Villa, por Tepito y Polanco, gracias por la modernidad de Santa Fe y también por los fantasmas de Culhuacán, por las casonas de la Condesa y los puestos de tacos de la Santa Maria, gracias desde Tenayuca hasta Topilejo, la sima de la Latino hadta el fondo de la Alberca Olímpica. Gracias por no solo haber sido mi hogar durante los últimos 8 años, gracias por haberme mostrado tu espíritu. Ese espíritu rojo de lucha, incansable, inagotable.

Gracias por sorprenderme día con día. Gracias por tu arte que de asoma tanto en las esquina del metro, en las fachadas de las casas por Guerrero y por tus museos. Gracias por demostrarme diario que la gente se equivocaba cuando me decía que aquí no encontraría a buenas personas. Gracias por tu pasión que se desborda cuando intentas contenerla en el estadio Azteca, en el auditorio nacional o en mismísimo Zócalo. Gracias por tus terremotos, tus manifestaciones, cada asalto y cada incendio, tu caos y tu crisis porque solo me enseña lo inquebrantable que eres y que, en consecuencia, somos todos aquellos que te habitamos. ¡Siempre viva querida ciudad!

Amo cada ladrillo, cada viga y cada riel de metro, cada faro, cada banqueta y cada calle, amo cada sonrisa que me robas con tu belleza y sobretodo amo a tu gente. A los vendedores ambulantes, los banqueros, los viene vienes, la marchanta del tianguis y también la señora de las garnachas, los escritores, los voceadores, amo a los políticos que nos enseñan que no hacer, a los bolea zapatos, los organilleros, los conductores de camiones, los faquires, y también las estrellas de Televisa y TV Azteca. Gracias por mi familia y mis amigos. Sin ti, no seríamos. Gracias porque todos somos tú y tú nos hiciste a todos nosotros. Gracias por los chilangos y su chilanga ciudad. Gracias.

Pero la verdad, hoy no te escribo para decirte gracias sino para preguntar, ¿cómo te puedo empezar a retribuir todo lo que me has dado? ¿Como te puedo regresar tu agua que siempre ha sido tu sustento de vida y te lo arrebataron? ¿Cómo te puedo regresar tu aire, tu tierra, tu verde? ¿Cómo te puedo recuperar de los políticos corruptos, de la delincuencia y de la mafia que te está extorsionando? ¿Cómo te puedo regresar la esperanza como tú alguna vez me la regresaste a mi? Creo que es posible y tengo una idea cómo. Querida ciudad, todo esto es por ti.

 

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Lourdes Epstein Cal y Mayor

Mis amados hijos:

Hace mas de 30 años que empezaron a aparecer en mi vida y no diré que el tiempo ha pasado volando. Más bien, siento que hemos vivido muchas vidas y el número de años es lo de menos. Muchos han sido los aprendizajes que han hecho posible que hoy seamos la familia que somos y, aunque me gustaría eliminar varias lecciones muy rudas que hemos padecido, creo que el resultado final es muy bueno. Me considero una persona muy afortunada porque soy madre de cuatro maravillosos hijos, extraordinarias personas, que me han enseñado a vivir con los brazos abiertos, a ser flexible al cambio y a dejar ir lo que no toca.

También soy muy afortunada porque tengo un trabajo que amo, que más que mi profesión, es mi vocación. Ser profesora me ha dado enormes satisfacciones y me ha supuesto siempre grandes retos. Casi 20 años de un compromiso que surgió el día en que tomé conciencia de que todos mis alumnos son hijas e hijos de alguien que, como yo, aspira a que sean felices y lleven una vida digna.

La academia me ha dado la posibilidad de entender mi contexto desde muy variadas perspectivas, los que al mismo tiempo ha implicado la responsabilidad de una acción coherente ante este privilegio. Principalmente por ustedes, porque no me cabe duda que uno enseña lo que quiere aprender y vivir la docencia desvinculada de lo que quiero para ustedes, me parece intolerable. Lo que quiero para ustedes no es difícil de adivinar: quiero que tengan oportunidades para construir la vida que desean y que eso mismo tengan todos las niñas, niños y jóvenes de este país. En el aula siempre me he sentido muy plena porque todos los días estoy colaborando con mi comunidad, construyendo alternativas y aprendiendo.

Sin embargo, la situación del mundo que estamos viviendo nos exige más: en especial, nuestro México está en una crisis que no va a ser resuelta sólo con una buena educación. Esa siempre será indispensable, pero ahora lo que urge es acción. Acción que se traduzca en una participación ciudadana que se haga responsable de lo que deseamos para el presente y el futuro. Y yo, ya les dije, quiero que sean felices y libres, y eso lo quiero para todos.

Recientemente encontré la comunidad con la que poner a trabajar las buenas ideas y los muchos aprendizajes de toda mi experiencia de madre y docente: el deber ser del aula, debe poderse hacer en la ciudad. Ahora encontré con quién. Se llama Wikipolítica.

Cuando entré en contacto las primeras miembros de este movimiento, me parecía estar viviendo una utopía aterrizada; fue sorprendente constatar que un grupo de voluntarios, queriendo como muchos un mejor país, había encontrado la forma de organizarse para hacer realidad un ejercicio político verdaderamente abierto y horizontal. Enseguida les ofrecí apoyar con los que tenía: algo de práctica, muchas experiencias y sobre todo, muchas ganas de poner en acto casi dos décadas de aspiraciones.

Con Wikipolítica me siento en casa. Lo que he vivido estos últimos meses me ha devuelto la confianza en la buena voluntad de las personas y en la posibilidad de que el bien común tenga la preferencia. Puedo decir con orgullo que somos una comunidad de personas que han pasado de la protesta a la propuesta, y que tenemos la disposición y la capacidad para cambiar la inercia de la corrupción por la cultura de la colaboración.

Hijos queridos, por primera vez en muchos años siento que estoy trabajado, ya no por ustedes, sino con ustedes, por un México en el que será posible pensar en un país con justicia e igualdad. Los cambios que requerimos no se darán en un corto plazo, pero sé de corazón que estamos ahora del lado de las soluciones, y no generando más problemas.

Lourdes Epstein Cal y Mayor

Ciudad de México, a 16 de mayo de 2018

 

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Daniel Vera

Querida mamá:

Siento que he vivido dormido y aún no me despierto del todo. A veces quiero volver a dormir viendo películas, saliendo de fiesta con amigos, pero para bien o para mal la ciudad no te deja. Quizás algún día viva en un lugar más tranquilo, pero de momento soy adicto a este desmadre. He aprendido en los 6 años que llevo aquí, que aún en los lugares más aislados, aún en los barrios más enclaustrados, la ciudad siempre se impone. Siempre te recuerda que estas en ella tomando la forma de acentos, ruidos de claxon, granizo, peleas callejeras. Hay veces que quiero deprimirme porque algo sale mal, pero un rayito de belleza casi siempre me lo impide. Otras veces la belleza es tan intolerable que por comparación recuerda a todo lo feo. El otro día me subí al metro con ganas de pensar en mi cuando al vagón entró un ciego tocando la guitarra con una voz tan unánime que era imposible no sentirte tocado, humilde y simpatético por su condición de vagonero.

Algo parecido me pasó recientemente que estaba con mis amigos en el parque cuando la barrendera de aquella zona se nos acerco a pedirnos trabajo, luego a pedirnos ayuda para que el que actualmente tiene fuera más digno. En un punto rompió y comenzó a enlistar sus dolores, a contarnos de lo maltratada que se siente por sus jefes, de lo mucho que le pesa no poder comprarse unos tenis como los que nosotros traíamos puestos y darle unos iguales a su hijo. De lo dura que es la vida. Luego con lágrimas en los ojos se le quedó viendo a una amiga y le dijo “es muy difícil ser mujer”, cómo si para mi amiga ser mujer fuera algo distinto que para ella y probablemente lo sea. Probablemente para ti también, aún con lo mucho que has vivido, con tus sacrificios, con lo difícil que fue criarnos a mi y a mis hermanos. Especialmente a mi. Probablemente sólo los pobres de México sepan lo que es sentirse tan despreciados. A veces pienso en esas historias de miedo y llanto que suceden en mi natal Villahermosa o en delegaciones como Tláhuac, dónde vive esta señora, que me hacen pensar en el país que hemos creado. ¿Qué hemos hecho como sociedad para que alguien diga “si yo no le importo a nadie, nadie me importa a mí”? ¿De qué estarán hechas estas bases que hoy nos hacen creer que ser mexicano significa aceptar lo injusto?

Siento que desde que deje de creer, cada día me acerco más a la vida de Cristo buscando respuestas. Pienso en sus seguidores que tenían que esconderse bajo tierra para practicar su religión porque venía preñada de la idea revolucionaria que toda la gente era creada igual en un tiempo donde se creía que los derechos llegaban por la sangre. Te pido disculpas por las cosas que digo cuando se me mete el diablo en una pelea, pero en la guerra a veces se confunden los bandos y yo estoy en guerra contra todo lo que actualmente significa para muchos ser mexicano. Y si eso hace que vaya en contra de la historia, pues prefiero seguir dormido antes que aceptar esa porquería.

Recuerdo otra vez a ese músico ciego que un día entró escurriéndose entre la gente con su guitarra en un vagón de hora pico cantando “Libro abierto”, en la mejor versión que he encontrado hasta ahora, la suya, pensando que esta ciudad tiene tanto potencial el cual ahorita se desperdicia porque en lugar de hacer cosas para transformarla la mayoría estamos demasiado ocupados siendo miserables. Por eso he decidido que si estoy consiente de que todo esta tan jodido, tengo que dedicar mi vida en servir a los demás para construir la paz.

Me duele mucho pelearme contigo, ojalá algún día estemos de acuerdo en más cosas, pero prefiero que ahora te sientas orgullosa de mi. Quiero que sientas que has hecho personas íntegras y yo por mi parte tengo que probar lo que valgo. No soy el único así, me di cuenta durante el temblor.

Te amo y por esto hago las cosas.

 

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