Xóchitl Magaly

A mis sobrinas:

Cuando mis primeras sobrinas nacieron yo tenía 7 u 8 años; a esa edad yo todavía las veía como niñas con quien podía jugar, no pensaba en cuidarlas ni darles buen ejemplo. Luego, el tiempo pasó, en total nacieron ocho niñas y un varón, y hasta la fecha no me veo como su tía, no tengo instinto maternal ni quiero ser un modelo a seguir; creo que ellas tampoco me perciben como tal. Es más, todas me llaman “Xochitl” y no “tía”, quizá porque se dan cuenta de que no cumplo ese rol (en el sentido tradicional de la palabra). Sin embargo, siento un amor, respeto y admiración profundos por cada una de ellas y él; podría decir que son más mis amigas que mis sobrinas.

Es cierto que no tengo la misma cercanía emocional con todas en todo momento, a veces me siento más conectada con unas que con otras, en ocasiones sé los detalles de lo que pasa en su vida y en otros momentos ni me entero o me pongo al corriente porque la familia me lo cuenta, y en general me comunico mejor con las más grandes que con las pequeñas (supongo que por la diferencia de edades), pero mi cariño y mi apoyo siempre está presente si ellas lo solicitan; y sé que ellas también están para mí.

Ahora, algunas de ellas ya han sido madres y tengo sobrinas y sobrinos nietos. A todos los tengo en mi corazón y en mis pensamientos de cada día. Los adoro, y a veces me encantaría tener el poder de reducir sus angustias, aplacar sus dolores, impulsar sus sueños y darles la libertad de ser quienes quieran ser sin miedos.

Me gustaría poner a sus pies un mundo, un país, una ciudad, un lugar en el que caminen seguros; en el que la solidaridad sea el estandarte de las personas; en el que se dediquen a su pasión y vivan de ello en vez de buscar sobrevivir con un trabajo mal pagado; en el que las personas las acepten tal y como son, sin juzgarlas por sus gustos, creencias o aficiones; en el que las personas dignas, honestas y trabajadoras sean muchas más que las que viven de manera contraria; en el puedan dejar a sus hijos salir a jugar a la calle sin miedo a que se los roben; en el que nunca se sientan solos teniendo alrededor a tanta gente; en el que no exista la inseguridad, en el que no haya apatía ni indiferencia sino participación… Me gustaría tener el poder de convertir el lugar en el que viven en un espacio mejor para que ellos vivan de manera digna y libre.

Ante este deseo, hace mes y medio la vida puso ante mí una oportunidad, la de hacer algo para comenzar a construir el mundo que quiero para ellos. Y la tomé, y decidí actuar, salir a la calle y unirme a un grupo de personas que aman a este país, que están dispuestos a trabajar en equipo, que comparten el deseo de mejorar el lugar donde viven, de regresarle la tranquilidad a sus ciudadanos. Personas que están sembrando una semilla de esperanza, de participación, de ideas, de conexión con otras personas, de organización, y que hoy nos encontramos en nuestra querida ciudad.

Jamás había encontrado un espacio con el que realmente me sintiera identificada, en el que creyera, que me inspirara y motivara tanto. Y eso mismo les ha pasado a miles de personas que están decidiendo ser parte de algo distinto, que están dispuestos, como yo, a dar su tiempo, su esfuerzo y hasta su dinero, para apoyar a un movimiento que no sólo quiere buscar un puesto en el congreso sino demostrar que es posible que la política se pueda llevar a cabo de manera honesta, austera, cercana a la gente, divertida y creativa.

Y así hoy no me importa estar bajo el sol hablando con la gente de Roberto, de Kumamoto, del arbolito, y a la vez escuchando su historia, su hartazgo, su crítica y su desesperanza, porque creo que juntas, las personas, podemos hacer de esta una ciudad mejor y luego un país mejor, en el que ustedes, mis sobrinas y sobrinos, puedan sentirse orgullosos de vivir.

Hoy parece que no somos muchos y que avanzamos lentamente, pero cada paso que damos es más fuerte. Nos movemos lento, pero con pasos seguros. Hoy estoy aquí porque me siento fuerte para hacer algo por ustedes, mis sobrinos, porque estoy sembrando la semilla de la esperanza para que un día, no muy lejano, ustedes la vean florecer, y también se interesen, actúen y sigan ayudando a construir un mejor lugar para vivir.

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Citlalli López

Querido Lucio (mi luciérnaga):

En 2006 voté por primera vez y vi con dolor y rabia cómo mi voto fue robado y, con ello, un poco de mi fe en la democracia, o más bien en el sistema electoral mexicano. Lloré hasta quedarme dormida, lloré hasta que recordé que la rabia que se queda encerrada en el cuerpo pudre el alma y yo no quise que eso me pasara a mí.

Busqué, entonces, a quienes compartieran el mismo sentimiento, me abracé a ellxs, salimos a las calles, gritamos, ocupamos el espacio público y exigimos que se limpiara aquel fraude grosero y que tanto nos estaba lastimando. Pero no pasó… y entonces creí que no había sucedido nada.

En los años posteriores me convencí a mí misma de que por la vía electoral no se iba a conseguir nada y me refugié en la que ha sido nuestra casa desde entonces: la educación popular; asumí como trinchera el diálogo con la gente, la construcción de espacios colectivos de paz que fueran semilleros de una transformación que viniera de la gente organizada en los espacios cotidianos. Me convencí de que este sería el único camino que andaría para construir un pedacito de mundo más justo, y me encargué que desde ahí aprendieras lo que es el trabajo, la comunidad, la solidaridad, el valor de la palabra y la dignidad.

Desde que estabas en el vientre ocupaste conmigo esos espacios, después en el rebozo comenzaste a mirar el mundo y a gritar conmigo en marchas y manifestaciones, en memoriales dolorosos y en encuentros esperanzadores, como los que tuvimos en 2012 con todos quienes cuestionaron nuevamente el panorama político. En ese momento, a pesar de que salimos a las calles –como lo hacemos cada que el corazón nos arrastra a ser nosotrxs con la gente de esta ciudad- otra vez, decidí mantenerme al margen de la elección, creyendo, nuevamente, que ahí no estaba la respuesta para transformar de fondo nuestro país o nuestra ciudad siquiera. Y, al ver el resultado de aquella jornada, también creí que no había sucedido nada.

En los últimos años me has acompañado a seguir construyendo desde abajo, ocupando los espacios que nos rodean, buscando llenarlos de esperanza y desde ahí organizar la rabia en colectivo, con el intercambio de saberes, con el tejido del nosotrxs. Sin esperanzas, llegué a este 2018, como otro momento álgido en la arena política de la que ya no quería saber nada, pero resultó que había algo que se me estaba escapando de la vista: en estos años sí había estado sucediendo algo, sí hubo quienes organizaron la rabia y la indignación para ocupar no sólo –aunque también- los espacios comunitarios, sino los lugares para la toma de decisiones en este país. Y eran lxs de entonces: lxs de la esperanza herida en 2006, lxs del grito contundente en 2012, lxs que se habían decidido –igual que nosotrxs- a no soltarse, a ser comunidad en las buenas y en las malas. Eran lxs de entonces, pero eran otrxs más, gente común, como nosotrx, gente queriendo transformarlo todo, como nosotrxs.

Ver el bosque que están construyendo, me hizo, de inmediato, salir a buscarles, querer caminar con ellxs para reconstruirlo todo: la esperanza, la comunidad, la fe, la voluntad y sobre todo esta #QueridaCiudad por eso, luciérnaga mía, estamos ahora en este nuevo nosotrxs porque la candidatura de Roberto es uno de los tantos caminos por andar y espero que tú, como yo, estés dispuesto a andarlo, en colectivo, con aquellxs a quienes hemos encontrado ahora y de quienes estamos aprendiendo tanto; espero que estés contento de andar conmigo este camino con esa furia alegre que nos guía para seguir construyendo un mundo en el que, como dice Freire, “sea menos difícil amar”.

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Fher Val

Mamá:

En mi vida todo va bien, tengo un trabajo que amo, tengo nuevos amigos, salud, pero me falta algo.

Poco a poco he empezado a darme cuenta del entorno en el que vivo; veo injusticias, apatía, malos tratos, contaminación, corrupción, hipocresía, veo todas esas cosas, que definitivamente no me enseñaste a ser.
Empecé a preocuparme por mi futuro, pero sobre todo, por el de las personas que vienen detrás de mí.

Antes de que un camión me arrebatara a mi mejor amigo, Gerardo y yo compartíamos muchos sueños e ilusiones. Hablábamos de cambios y de cosas que debíamos hacer para que sus tres hijas, mis hermosas sobrinas adoptivas, tuvieran mejores oportunidades y vivieran en un mundo mejor.

Me hizo prometerle que iba a tener los pies bien puestos sobre la tierra y nunca iba a ser una de esas “artistas que se olvidan de dónde vienen” y de donde vengo yo, es de un hermoso hogar donde me enseñaron a respetar, a ser justa y congruente, a ayudar. Tú más que nadie me has enseñado a estar siempre dispuesta.

“Sé el cambió que quieres ver en el mundo” ¿Recuerdas la primera vez que pinte la pared de mi cuarto con esa frase?

Lo primero que se me viene a la cabeza cuando pienso en futuro, son mis sobrinas, yo quiero hacer un cambio para que ellas, tengan un mejor mundo, ese que su papá y yo imaginamos alguna vez.

Antes del accidente, Gerardo se tomó una última foto abajo de un letrero que decía “Amor es la respuesta” y encontré, por fin, a un grupo de personas que quieren ser el cambio guiados por el amor, la sed de justicia, de hacer las cosas de una nueva manera, de representar y salvar a una ciudad, mi ciudad. Esa que te vio crecer libre y segura por sus calles, la que me vio crecer a mí, la que verá a crecer a Lua, Mila y Kali.

Quiero poner mi granito de arena para poder tener la ciudad que nos merecemos. Quiero sentir que honro la memoria de mi mejor amigo cuidando a sus hijas, haciendo algo por su futuro. Sé que si él estuviera aquí, estaría orgulloso.

Mamá, quiero hablarte de un grupo de personas que hemos puesto tiempo, esfuerzo y dedicación, porque queremos reemplazar a aquellos que no sirven para servir. Estoy firmemente convencida de que ésta es la forma correcta de recuperar lo que hemos dejado lastimar tanto. No me voy a quedar con los brazos cruzados. Poco a poco iremos teniendo personas al frente que sí nos representen y Roberto va conmigo para poder hacer esto posible.

Es tiempo Mamá, ahora es cuando, vamos a reemplazarles.

Fher.

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Sebastian Lomelin

Una carta dirigida a mi yo del pasado. La vida me ha enseñado tanto en poco tiempo que mi deseo es compartir mi visión con los demás.

Esta carta está dirigida para mi yo del pasado. Un joven Sebastian que creía que podía arreglar todos los problemas del mundo solo con su voz y sus ideas. Con el tiempo, la experiencia me ha enseñado a mis cortos veinte años que voltear al pasado sirve para entender el mundo que voy pisando. Antes, cuando volteaba a ver las cosas que había logrado, solo veía mis huellas. Hoy, cuando miro nuevamente mi pasado me doy cuenta de que mis huellas siempre estaban acompañadas de otras. Esas marcas son de todas las personas que han influido en mi desarrollo, pisadas de personas que me acompañaron en el camino, pisadas de aquellas que me deseaban buenas vibras y me daban buenos consejos y también las que no necesariamente me deseaban lo mejor. De todos he logrado aprender algo.

Esta forma de ver la vida me ha generado bienestar, tranquilidad y ganas de colaborar con y por los demás. Si bien entendía que el éxito se traducía en la culminación de logros y sueños personales, ahora creo firmemente que eso es solo una parte. Hoy te puedo asegurar que el éxito tiene una correlación con el bienestar común y para esto pongo un ejemplo:

“X persona sube a un cerro con piedras colgando en su espalda. Cuando logra llegar a la cima obtiene una sensación placentera, pues representó superar un obstáculo y lograr una meta. Ahora bien, si X persona colabora con un grupo de muchas otras personas y logran llegar a la cima del mismo cerro cargando entre todos una roca, la sensación que obtendrá será mucho mayor que la que consiguió estando solo”.

Mi querido Sebastian, deja a un lado las comparaciones con los demás. Aprenderás que lo mejor que podrás hacer en tu vida es solamente medirte con el que fuiste el día de ayer. Recuerda varias lecciones:
1) Mejorarás con el trabajo, no con la suerte. Enfócate en ser mejor que ayer.
2) Reconoce el valor de las personas. Escucha sus historias y trata de lograr un buen diálogo para encontrar soluciones y aprendizaje.
3) Autoevalúate siempre −conviértelo en hábito−, encuentra tus errores y reconócelos al igual que tus aciertos.
Acércate a grupos de personas que quieran encontrar y trabajar por soluciones a problemas en común. Conoce las huellas que han impactado la vida de los demás y te podré asegurar que si las juntas, encontrarás con mayor facilidad el camino para superar los obstáculos. Junta huellas porque esta #QueridaCiudad se merece la participación de todos. Junta huellas para sembrar arbolitos de nueva esperanza. Devuélvele a la sociedad todo lo que te ha dado, pues es gracias a esa coexistencia por la que hoy eres una persona íntegra que entiende que todos merecen buenas oportunidades para desarrollarse mejor.

Con amor y admiración, tu ‘yo’ del futuro.

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Xochitl Toral

Estoy aquí por ellos

A mis sobrinas:

Cuando mis primeras sobrinas nacieron yo tenía 7 u 8 años; a esa edad yo todavía las veía como niñas con quien podía jugar, no pensaba en cuidarlas ni darles buen ejemplo. Luego, el tiempo pasó, en total nacieron ocho niñas y un varón, y hasta la fecha no me veo como su tía, no tengo instinto maternal ni quiero ser un modelo a seguir; creo que ellas tampoco me perciben como tal. Es más, todas me llaman “Xochitl” y no “tía”, quizá porque se dan cuenta de que no cumplo ese rol (en el sentido tradicional de la palabra). Sin embargo, siento un amor, respeto y admiración profundos por cada una de ellas y él; podría decir que son más mis amigas que mis sobrinas.

Es cierto que no tengo la misma cercanía emocional con todas en todo momento, a veces me siento más conectada con unas que con otras, en ocasiones sé los detalles de lo que pasa en su vida y en otros momentos ni me entero o me pongo al corriente porque la familia me lo cuenta, y en general me comunico mejor con las más grandes que con las pequeñas (supongo que por la diferencia de edades), pero mi cariño y mi apoyo siempre está presente si ellas lo solicitan; y sé que ellas también están para mí.

Ahora, algunas de ellas ya han sido madres y tengo sobrinas y sobrinos nietos. A todos los tengo en mi corazón y en mis pensamientos de cada día. Los adoro, y a veces me encantaría tener el poder de reducir sus angustias, aplacar sus dolores, impulsar sus sueños y darles la libertad de ser quienes quieran ser sin miedos.

Me gustaría poner a sus pies un mundo, un país, una ciudad, un lugar en el que caminen seguros; en el que la solidaridad sea el estandarte de las personas; en el que se dediquen a su pasión y vivan de ello en vez de buscar sobrevivir con un trabajo mal pagado; en el que las personas las acepten tal y como son, sin juzgarlas por sus gustos, creencias o aficiones; en el que las personas dignas, honestas y trabajadoras sean muchas más que las que viven de manera contraria; en el puedan dejar a sus hijos salir a jugar a la calle sin miedo a que se los roben; en el que nunca se sientan solos teniendo alrededor a tanta gente; en el que no exista la inseguridad, en el que no haya apatía ni indiferencia sino participación… Me gustaría tener el poder de convertir el lugar en el que viven en un espacio mejor para que ellos vivan de manera digna y libre.

Ante este deseo, hace mes y medio la vida puso ante mí una oportunidad, la de hacer algo para comenzar a construir el mundo que quiero para ellos. Y la tomé, y decidí actuar, salir a la calle y unirme a un grupo de personas que aman a este país, que están dispuestos a trabajar en equipo, que comparten el deseo de mejorar el lugar donde viven, de regresarle la tranquilidad a sus ciudadanos. Personas que están sembrando una semilla de esperanza, de participación, de ideas, de conexión con otras personas, de organización, y que hoy nos encontramos en nuestra querida ciudad.

Jamás había encontrado un espacio con el que realmente me sintiera identificada, en el que creyera, que me inspirara y motivara tanto. Y eso mismo les ha pasado a miles de personas que están decidiendo ser parte de algo distinto, que están dispuestos, como yo, a dar su tiempo, su esfuerzo y hasta su dinero, para apoyar a un movimiento que no sólo quiere buscar un puesto en el congreso sino demostrar que es posible que la política se pueda llevar a cabo de manera honesta, austera, cercana a la gente, divertida y creativa.

Y así hoy no me importa estar bajo el sol hablando con la gente de Roberto, de Kumamoto, del arbolito, y a la vez escuchando su historia, su hartazgo, su crítica y su desesperanza, porque creo que juntas, las personas, podemos hacer de esta una ciudad mejor y luego un país mejor, en el que ustedes, mis sobrinas y sobrinos, puedan sentirse orgullosos de vivir.

Hoy parece que no somos muchos y que avanzamos lentamente, pero cada paso que damos es más fuerte. Nos movemos lento, pero con pasos seguros. Hoy estoy aquí porque me siento fuerte para hacer algo por ustedes, mis sobrinos, porque estoy sembrando la semilla de la esperanza para que un día, no muy lejano, ustedes la vean florecer, y también se interesen, actúen y sigan ayudando a construir un mejor lugar para vivir.

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Laura Martínez

Herencia de Papul

Querida Ciudad:

PAPUL (Papá Raúl) fue mi padre, un hombre de origen muy humilde, honesto, bondadoso, luchador incansable por sus ideales y metas y quien nunca perdió su sencillez al lograrlos. Un hombre muy adelantado a su época quien amaba a nuestra Ciudad y adoraba nuestro país. Viajó casi por todo el mundo, pero siempre que regresaba decía, como México, no hay dos.

Ésto me inculcó, por eso fui una niña, adolescente, mujer y ahora de la tercera edad media rarita, tanto que ando en esta campaña.
Hace 15 años hice un Diplomado en Tanatología e hice mi tesina sobre una Iniciativa de Ley y luché 5 años hasta que se hizo Ley, por supuesto se la dediqué a Papul porque era un tema que le inquietaba, pero una locura para su tiempo y para el mío.

Aunque Papul nació en Aguascalientes decía que era de la Ciudad de México por adopción. Igual me pasa a mi, nací en Chihuahua por su trabajo y viví allá muchos años pero al igual que Papul soy de la Ciudad de México por adopción y la amo.

Desgraciadamente hoy mi Querida Ciudad y Colonia Portales II están muy devastadas, sin agua, llena de construcciones enormes por tanta corrupción.

Ahora que tengo 65 años, ya me había dado por vencida de luchar por mi Colonia y Ciudad ante tanta corrupción.

Pero de pronto me hablaron de ROBERTO CASTILLO, y cuando lo conocí vi la misma transparencia que vi hace casi 40 años en una persona de Chihuahua, con quien hice campaña y ganamos lo imposible en esa época.

Antes de unirme a la campaña de Roberto, le pregunté a mi hijo menor su opinión de que a mi edad me uniera a la campaña de este joven, su respuesta fue: “Estaría más orgulloso de ti, porque a tu edad todavía lucharás por tu Colonia, Ciudad y País”. En broma ahora me dice que soy Yoda y cuando le platico que estoy cansada, asoleada y sin voz, sólo me dice: La fuerza estará contigo. Eso me da mucha risa, pero a la vez, me da fuerza para seguir adelante.

Veo en Roberto Castillo una esperanza y creo firmemente que sí nos cumplirá. Con él en el Congreso pondremos una piedrita para que nuestra QUERIDA CIUDAD vuelva a ser preciosa y podamos disfrutarla como antes.

Papul me enseñó que lo que parece imposible con fe, trabajo y lucha se puede lograr. Anduvimos defendiendo muchas causas juntos. Aprovecho para darle las gracias a Papul por su valiosa herencia.

Sé que Papul está conmigo y le encantaría andar junto a mi en campaña con Roberto, me anima desde donde está a seguir adelante y casi puedo percibir su voz diciéndome:

#VAMOS A REEMPLAZARLES

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Emilio

El mundo antiguo

Abuela,

Un día hace muchos muchos años (en los tiempos en que iba en la primaria y me recogías a la salida de la escuela) estábamos en la fila de las tortillas. Adelante de nosotros había un obrero y pidió que le vendieran veinte centavos, la señora que atendía le contestó que no le podía dar tan poquito, que eso era lo que costaba el papel. El obrero se fue sin nada, y cuando le preguntaste a la señora que qué había pasado te respondió que el señor no tenía suficiente dinero. Luego luego me dijiste: “Alcánzalo, dile que yo le compro las tortillas”, yo corrí, pero no lo encontré. ¿Te acuerdas?

Hace unas semanas me uní a la campaña de un candidato para una diputación local, no es de ningún partido político, es lo que en el argot político moderno se conoce como ‘independiente’, se llama Roberto. Yo sé que es difícil confiar en las elecciones y en aquellos que buscan un puesto de elección popular. Hemos aprendido a ser escépticos, incrédulos, desconfiados. Confieso que los primeras veces que iba a algún mitín o evento de este proyecto, dudaba, había en mí algo de recelo, hasta que un día pasó lo siguiente: ¿conoces un poema de José Emilio Pacheco que se llama ‘Alta traición’? es un poema genial, que para mí es una explicación de lo que significa ser mexicano, es un poema que me pone la piel chinita, y que me hace pensar en Omar, en mi mamá y en mi papá, en ti, en todos los días que viví lejos y en qué fue lo que me trajo de vuelta, en fin, resulta que un día Roberto inició su plática diciendo algo así como ‘quiero compartirles un poema que me gusta mucho’ y era ese mismo poema!, entonces supe que todo estaba chido, que este movimiento me representaba de una forma que no había pensado. Entonces empecé a salir a las calles a hacer campaña, a platicar con los vecinos acerca de este proyecto, a decirles que queremos que lo público sea sinónimo de excelencia, a pedir un voto de confianza y otro en una de las boletas que nos darán el 1ero de julio, ‘vota por el arbolito’ decimos.

Es una pregunta frecuente la de ‘por qué haces esto’, ‘cuál es la razón para participar en esta campaña’ y, ¿sabes? no podría explicarlo con certeza, pero al pensar en las respuestas (y por esto te escribo esta carta, para contártelo) una y otra vez vuelvo a ese día en la fila de las tortillas, ese día en que me enseñaste lo que es la bondad y la urgencia de ayudar a quien lo necesite.

En eso ando.

Te quiero muchísimo,

Emilio

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Erika Romo

Querida ciudad:

Quiero contarte porque estoy en esta campaña. Mi camino en ella no ha sido muy largo pero sí muy significativo.
Mis motivos son básicamente tres: uno, porque la realidad que vivimos en esta Ciudad y en este país me duele a diario; dos, porque creo que es posible transformar esa realidad; y tres, por lo que ser parte de esta campaña ha hecho en mí.

Ahora explico un poco más. Primero, desde siempre he vivido aquí en la Ciudad de México (aunque a veces se me sale seguir diciéndote D.F), y desde hace algunos años me he dado cuenta de lo difícil que es. Soy mujer y cada día hay al menos algún pequeño momento en que me siento vulnerable a ser violentada, soy estudiante universitaria y sé que corro riesgo de que me desaparezcan, mi mamá trabaja durísimo en mi casa desde que tengo memoria y muchas personas aquí piensan que ella no trabaja, mi papá, que siempre ha sido un apasionado de su trabajo, quiere jubilarse en cuanto le sea posible porque teme que algún día le quiten ese derecho (como nos han arrebatado y negado otros).

En esta, mi Querida Ciudad, nos hemos acostumbrado a tener diariamente trayectos cansadísmos en el tráfico que nos quitan el tiempo y las ganas, a tener trabajos de diez horas o más y pensar que ahí, en una vida profundamente agotadora y absorbente está “el éxito” que ahora sí nos va a hacer salir de todos nuestros problemas. Nos hemos acostumbrado a despreciar la política y a los políticos, a no creerles una sola palabra porque por años, lo único que han hecho ha sido golpearnos.

Te he llorado mucho, porque a veces me siento muy enojada, muy triste y muy cansada de todo eso. Sin embargo, esta campaña y otras tantas cosas que me encuentro y vivo en lo cotidiano me dan esperanza en que las cosas pueden cambiar, en que las personas juntas, podemos no sólo soñar, sino actuar para transformar eso que tanto nos duele.

Yo me entusiasmé con esta forma de trabajar y hacer política leyendo y escuchando a y sobre Kumamoto, ese proyecto me hizo ver que sí es posible hacerlo diferente, y ahora formando parte de la campaña de Roberto lo he confirmado: la política sí puede ser honesta, austera, sensata y alegre.

Este proyecto para recuperarte a ti, me ha hecho encontrarme y reencontrarme con personas maravillosas a quienes admiro por su lucha y por el amor que le tienen a lo que hacen, me ha permitido conocer a tu gente, mirarla y escucharla (por eso mi parte favorita es brigadear tocando puerta por puerta escuchando las historias, la rabia y la esperanza) y conocer también tus calles, tus parques, tus rutas y tus tan diversas dinámicas, nos ha permitido sentirte nuestra, hacerte nuestra.

Soy parte de esto porque aquí, en esta lucha por reemplazarles, me siento fuerte y sé que puedo no sólo alzar la voz para mostrar mi indignación, sino alzar también las manos, y poner el cuerpo, la mente y sobre todo el corazón para tener una mejor ciudad, un mejor país. Estoy segura de que juntas seremos un bosque.

Erika

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Javier Gómez

A mi hijo:

Javid Alejandro aún eres muy pequeño para comprender muchas cosas, sin embargo, cada vez me sorprende demasiado tu inteligencia. Quiero que sepas que tu padre está luchando por dejarte un municipio, un estado y un país mejor. Ya que estoy convencido que puedo dejarlos mejor de lo que los recibí. . Por ello te contaré dos historias que marcaron mi lucha.

Primero fue en el 2005 cuando llegue a la hoy CDMX a emprender uno de mis más grandes anhelos, iniciar la universidad. Ahí pase 3 años inolvidables, llenos de historias y aventuras. Donde hice grandes amigos y donde aprendí a aprender, a tener propias ideas, a vivir mi vida, a amar pensar y saber.

Por azar y destino no pude extender mi estancia en la ciudad, pero fue suficiente para que me enamorara de la capital. Pues hijo hasta el monstruo más grande tiene su encanto, me fascinaba que siempre conocía un lugar nuevo lleno de historia. Así que internamente me hice una promesa. Algún día volvería a regresarte un poco de todo lo que me había dado.

Después el 2 de febrero del 2014 cuando vi la imagen de una familia acribillada (una noche antes), desperté con la firme idea de hacer algo. Por primera vez dejar de lado la queja y pasar a la acción. Hijo aunque parezca increíble fue en ese momento y a través de una publicación en mi muro en una red social, en donde hice un llamado a mis amigos y conocidos para que juntos emprendieramos la primera candidatura independiente en la historia de un municipio con más de 900 años. Lo demás ya es historia, logramos contender en la elección de Atitalaquia. Logramos que las personas comunes se interesaran en la política. Hijo ojalá algún día entiendas y valores la historia de cómo se logró hacer con solo $ 18,000 una campaña diferente basada en la creatividad y hecha con el corazón de muchas personas comunes.

Se que el recorrido aún es corto y el camino muy largo pero ahora que soy un OCUPANTE en Wikipolítica quiero que sepas desde hoy que es la historia más fascinante que te quiero contar en unos años. Por qué estamos recuperando una ciudad y por qué no se trata nada más de Roberto Castillo sino de empoderar a las personas y juntas reemplazar a los políticos de siempre. Nunca olvides que te amo con todo mi ser y que todo lo que hago, lo hago pensando en ti.

Atentamente:

Tu papá
#QueridaCiudad​#LosVamosAReemplazar​
#RobertoNoVaSoloVaConNosotrasLasPersonas
#VotaRoberto

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Enrique Ruiz

Re-construir

El 19 de septiembre volvió a cambiar México. Todos los jóvenes a quiénes nos llamaban indeferentes, inconformes, flojos, sin una experiencia previa más que la sangre que corre por nuestras venas de aquellos que ya lo habían vivido, nuestros padres, gestionamos el tráfico, coordinamos víveres, levantamos escombros, hacíamos autosardina para ir a otro estado a ayudar. Para mí, esa semana, ha sido la más importante en mi vida. El ímpetu por ayudar a mi querida ciudad, a mi amado país era más fuerte que el hambre, la lluvia, el sueño y cuando levantaban el puño para confirmar que había alguien con vida toda la fuerza que nunca habías tenido, hacía que pasaras más rápido las cubetas, fueras más ágil y tu esperanza fuera la luz que iluminaba el atardecer. Ese día, confirmé lo que desde niño soñaba: quiero cambiar al mundo.

Hace un par de años conocí a Kumamoto y el movimiento de Wikipolítica y por desidia y procastinación no participé activamente en él. Cuando vi que había un candidato independiente para la CDMX, no dudé en inscribirme como voluntario. Sin duda, coincido en prácticamente todo lo que propone Roberto, es la oportunidad de recuperar la política, dejar de quejarnos y hacer algo por esta, nuestra querida ciudad. Me siento orgulloso de ser parte de este momento.

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