Aline Enriquez

Querida mamá, querido papá:

Gracias a ustedes, a su esfuerzo constante, a nuestra familia nunca le ha faltado nada; ni la comida, ni el techo, ni las oportunidades, ni el cariño. En ese sentido, hemos gozado de una vida privilegiada. Pero hace tiempo descubrí que muchas, muchas personas -más de la mitad de las mexicanas-, carece de todo esto, de los medios para cubrir sus necesidades básicas, que viven algo muy cercano a no tener ​nada.​ Personas que empiezan temprano el día para ganarse el pan,cuidan de su familia, se preocupan por su comunidad. Personas que han sido olvidadas por un sistema que abusa de ellas en lugar de protegerlas.

Mamá, papá: ustedes me enseñaron a ser responsable, a no ser indiferente ante la injusticia, a defender lo que creo, a no rendirme nunca. Hace seis años, supe por primera vez lo que es tener miedo a que nada cambie, a que las cosas sólo puedan estar peor. Hace cuatro, entendí lo que es temblar de rabia e impotencia. Pero en este tiempo he aprendido, además, el valor de la esperanza. Buscando una respuesta en la calle, me encontré con cientos de miles de personas que también clamaban por justicia, por verdad, por un futuro. Personas que, valientes, se han atrevido a soñar un mejor país, e incluso, se aventuran todos los días a tratar de construirlo, desde las grandes ideas, las hazañas complejas, desde lo cotidiano.

Tengo el honor de llamar a estas personas mis compañeras de lucha. A su lado he aprendido que otro país es posible y no vive solamente en nuestra imaginación; que nuestras acciones diarias pueden contribuir, aunque sea sólo un poco, a que las desamparadas puedan acceder a una vida más digna.

Mamá, papá, yo que que ustedes a veces no entienden qué estoy haciendo cuando les digo que no llegaré a cenar o que no nos veremos el fin de semana porque m​ e voy a hacer política​, pero es que esta lucha nos exige todo el tiempo que tenemos disponible para que el futuro que anhelamos pueda empezar a existir ahora.

Seré honesta; a veces cuando decimos que vamos a recuperar la ciudad,​ me pregunto si alguna vez la tuvimos. A veces cuando hablamos con las personas del proyecto que construimos y me contestan que no me creen, que no les interesa, que nada va mejorar, que yo qué gano con esto… me entran dudas, me duele el corazón. Pero entonces me acuerdo de ustedes. Papá: tú me enseñaste que el cansancio se confunde fácil con el miedo a no llegar a la meta, y, desde que camino con las wikis, yo ya no tengo miedo, me sé acompañada y entiendo que vamos caminando lento, porque vamos lejos.

Mamá: tú me enseñaste que la unión hace la fuerza. Sé que yo sola no puedo transformar al mundo, pero he sido testigo de cómo un montón de personas unidas puede hacer la diferencia. Dice John Tackara que “si podemos diseñar nuestro camino hacia las dificultades, podemos diseñar nuestro camino fuera de ellas”. Y yo le creo. Creo en mi corazón que podemos salir juntas de este lío, que lo que estamos sembrando ahora crecerá en un tiempo, y que todo este trabajo valdrá mucho la pena.

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